Llevo desde hace más de un mes
veintidós palabras en el bolsillo.
No pesan, pero tropiezo con ellas
a cada instante una y otra vez,
cuando revuelvo con la mano
dentro del rectángulo de la chaqueta
de pana marrón. Los versos
surgieron, luego perdí
el poema dedicado a la niña
que fue, que en el recuerdo pervive.
Invoco algunas de las palabras
por ver si logran reordenarse
y reaparecen los versos
por los rincones de la memoria:
camisola, tutú, peto, malla, puntas…
rosa, piano, brillo, cuadros, negro, charol…
notas, color, teclado, danza, sonrisa…
música, estación, Chopin…
Anoté muchos de ellos, como:
“Precoz sonrisa primaveral”.
Intento recomponer algunos:
“En el perchero cuelga
la camisola a cuadros.
Ha recogido su pelo castaño
en una coleta revoltosa
que descubre el rostro infantil.
Se ha puesto sobre la malla negra
el tutú rosa. Una vez colocadas
en posición las puntas, las manos y brazos
a la espera de la nota, que el maestro
de piano lanzará al aire.
Deja el músico los dedos
sobre el teclado. Ladeada la cabeza,
clava la mirada en las piernas
cruzadas de la adolescente, que no acaba
de dar credibilidad a su talento.
Desconoce que el pianista
mientras interpreta la partitura,
cree conversar con Dios,
y espera que ella al ponerse a danzar
con sus puntas e ingenuos pasos,
pincele sin saberlo, la Eternidad
Ana Déniz
Poema que inspiró el tema del pianista Angello, titulado Analena